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Blog de Carlos Goga

Las preguntas que arrastra la IA no son ni nuevas ni originales

27/06/2026 | | cambio, experiencias, IA | No hay comentarios

Vivimos inmersos en una vorágine de novedades tecnológicas que nos abruman a diario. Nos dicen que los desafíos que plantea la inteligencia artificial son tan inéditos que el pasado no tiene nada que enseñarnos. Sin embargo, esta es una postura profundamente imprudente. Las verdaderas preguntas que arrastra la IA no son ni nuevas ni originales; son los mismos dilemas existenciales y éticos que la humanidad ha plasmado en sus mitos y relatos desde el principio de los tiempos.

Esta es la poderosa tesis que Jonathan Pageau (pensador y simbolista canadiense) ofrece con maestría en la conferencia Alliance for Responsible Citizenship 2026, titulada «You’ll stop using ChatGPT after listening to this». Con una lucidez deslumbrante, nos recuerda la sabiduría ancestral que afirma que, aunque el contexto tecnológico cambie, la condición humana y nuestras tendencias autodestructivas siguen siendo las mismas.

A continuación, los cuatro relatos históricos y mitológicos que ayudan a descifrar el laberinto de la IA, y cómo cada uno de ellos nos pone un espejo frente a nuestro presente tecnológico.

1. Alberto el Grande, Tomás de Aquino y el primer «AI Slop» de la historia

Solemos pensar que el parloteo incesante y automatizado de las máquinas es un invento de Silicon Valley. Pero Pageau nos traslada a la Edad Media para demostrarnos lo contrario.

Cuenta la leyenda que el erudito Alberto el Grande construyó una cabeza de bronce capaz de responder a cualquier pregunta que se le formulara. Su alumno más célebre, Tomás de Aquino, acabó tan exasperado por el parloteo continuo e insustancial de la cabeza que decidió tomar un martillo y destrozarla por completo.

Este episodio mítico representa la primera reacción registrada en la historia en contra del contenido basura (el «AI slop»). La desconexión entre la acumulación de datos y la verdadera sabiduría no es nueva. Ya en el medievo entendían que una tecnología que habla sin parar, pero sin alma ni propósito profundo, solo genera ruido y exasperación.

2. El Caballero Balin y la trágica omisión de la «Pregunta del Grial»

Balin entra al castillo violando las leyes ancestrales de hospitalidad con el único fin de asesinar a un enemigo. Tras cometer el crimen, acorralado e impulsado por el pánico y la ira, Balin entra en la capilla del Grial, toma la Lanza Sagrada (aquella que perforó el costado de Cristo) y le asesta un terrible golpe en la entrepierna al Rey del Grial. Este «golpe doloroso» deja al rey impotente y condena a todo el reino a convertirse en un páramo estéril.

Pageau nos invita a ver el Grial y la Lanza como las primeras metáforas de la tecnología humana. El Grial es la vasija de la abundancia ilimitada (la promesa del desarrollo tecnológico para satisfacer deseos), mientras que la Lanza representa el arma defensiva u ofensiva definitiva (el poder militar y el control). Toda tecnología humana oscila entre estos dos extremos: generar abundancia y luchar para protegerla.

El gran pecado de Balin —y el de nuestra civilización actual— no fue solo su violencia, sino lo que olvidó hacer en su obsesión por el poder. En la tradición artúrica, para sanar el reino estéril, el caballero que encuentra el Grial debe formular una pregunta fundamental: «¿A quién sirve el Grial?».

Hoy, colectiva e individualmente celebramos a los «buscadores del Grial» en Silicon Valley por crear milagros tecnológicos cada vez más rápidos y eficientes. Y les admiramos por su riqueza infinita. Pero casi nadie se detiene a formular la Pregunta del Grial: ¿A quién sirve realmente esta abundancia y este poder? Cuando los líderes tecnológicos nos advierten que la IA podría destruirnos mientras continúan financiando y desarrollando activamente sus propias empresas de IA, actúan exactamente como Balin. Toman la lanza movidos por el miedo y la competencia, empujándonos a todos hacia el páramo, sin responder a la pregunta fundamental de servicio y soberanía.

3. La trampa de Moloch y la escalada competitiva

¿Por qué seguimos avanzando hacia un abismo que nosotros mismos diagnosticamos? La respuesta técnica se encuentra en la teoría de juegos, pero la respuesta existencial es mucho más antigua: el mito de Moloch.

Moloch era una deidad cananea que exigía a sus adoradores el sacrificio de sus propios hijos a cambio de otorgarles el poder necesario para derrotar a sus enemigos. En la modernidad, la «trampa de Moloch» describe las dinámicas de escalada competitiva en las que, por miedo a perder, todos los actores se ven obligados a tomar decisiones destructivas.

Bajo la justificación de que «si no desarrollamos la IA nosotros, en Occidente, lo hará China», entramos en una carrera desenfrenada. En este proceso competitivo, terminamos sacrificando lo que nos es más valioso: millones de empleos, recursos hídricos y energéticos críticos, la salud mental de nuestros niños (sometidos a pantallas adictivas) e incluso nuestra propia capacidad colectiva para distinguir lo que es real de lo que es falso.

Aunque los tecnólogos vean a Moloch simplemente como un «mecanismo sistémico», actuamos como si este monstruo fuera real, convirtiéndonos en sus manos y sus pies, marchando voluntariamente hacia nuestra propia degradación.

4. Las piedras Palantír y el peligro de la servidumbre tecnológica

Para ilustrar el destino final de la centralización tecnológica, Pageau recurre a la mitología moderna de J.R.R. Tolkien en El Señor de los Anillos. Las Palantír eran piedras videntes creadas para la comunicación a larga distancia, pero que terminaron bajo la influencia de Sauron, el Señor Oscuro, utilizándolas para corromper y controlar las mentes de quienes las miraban.

No es casualidad que Palantír, la importante corporación de vigilancia y tecnología, lleve el nombre de estas piedras de ficción. La advertencia es clara: las tecnologías hiperconectadas y centralizadas que prometen visión y control absoluto rara vez nos hacen libres. Con demasiada frecuencia, terminan sirviendo a un «Señor Oscuro» centralizado que arrebata la soberanía humana.

La única respuesta posible: Volver a ser profundamente humanos

Si el sistema está atrapado en la dinámica de Moloch y la inercia del golpe doloroso ya ha sido desatada, ¿qué nos queda por hacer? Pageau es una de las muchas voces, como la mía, que propone que, dado que no hay una solución sistémica clara a nivel macro, la única salida real es una solución personal y comunitaria.

Si no podemos controlar a quién sirven estas tecnologías globales, debemos asegurarnos de saber a quién y a qué servimos nosotros mismos. ¿Servimos a Moloch? ¿O servimos a principios más elevados de verdad, belleza y virtud?

La propuesta de Pageau es un retorno urgente a lo que nos hace verdaderamente humanos:

  • Volver a las Humanidades: La educación ya no puede ser simplemente aprender una habilidad para conseguir un trabajo (una tarea que la IA automatizará). Debemos enseñar a nuestros hijos a bailar, hacer deporte, tocar música y apreciar el arte, no para que sean profesionales, sino para que cultiven su humanidad.
  • Fomentar la memoria y el conocimiento interno: Si la IA externaliza la memoria y el saber, nosotros debemos internalizarlo deliberadamente. Pageau nos invita a leer cuentos de hadas, aprender poemas de memoria, acampar, cultivar un huerto, involucrarnos en la comunidad, cuidar de nuestras familias y no olvidar la contemplación y la oración.

Las grandes promesas tecnológicas que nos deslumbran, como el transhumanismo, la colonización espacial o la implantación de chips cerebrales, no resolverán nuestros problemas de virtud; solo crearán «personas rotas pero sumamente poderosas».

Solo aquellos que cultiven almas brillantes, que fomenten la sabiduría y practiquen la verdad y el amor, sobrevivirán y prosperarán en el páramo que aparentemente se avecina. Solo así, cuando nos enfrentemos de nuevo a los milagros tecnológicos del futuro, tendremos la templanza moral para hacer la Gran Pregunta: ¿A quién sirve esto? Y, lo que es aún más crucial, tendremos la claridad mental para responder con certeza: ¿A quién sirvo yo?


Este post está inspirado y fundamentado en la magnífica intervención de Jonathan Pageau en la conferencia ARC 2026, una llamada de atención urgente para recuperar nuestra soberanía espiritual frente al avance tecnológico.

Etiquetas: cambio, corazón, crisis, innovación, oportunidad

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