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Blog de Carlos Goga

Cómo arreglar el mundo con 75.000 millones

08/01/2009 | | cambio | No hay comentarios

Un grupo de gurús y premios Nobel identifican las medidas para combatir, de verdad, los 10 mayores problemas del planeta.

Por Pablo Rodríguez / Copenhage [publicado por EL MUNDO el 1 de Junio de 2008]

Usted no es Bill Gates, Warren Buffett ni George Soros, ni tiene su fortuna, pero de tenerla, ¿qué haría para ayudar a la humanidad? Parece una pregunta fácil, pero no lo es. Imagine que tiene 75.000 millones de dólares (48.000 millones de euros) en sus manos para combatir el hambre, las enfermedades infecciosas, el terrorismo internacional, las guerras, el analfabetismo, las desigualdades o el cambio climático. ¿En qué lo gastaría? Hay cientos de posibilidades, miles de problemas y decenas de miles de organismos a los que se podría dar ese dinero. Pero ¿qué sería lo mejor para más gente?

Esa es la pregunta clave a la que cinco premios Nobel y algunos de los economistas más reputados del mundo han tratado de dar respuesta esta semana en el Copenhagen Consensus 2008, una iniciativa personal del activista -y polemista- Bjorn Lomborg respaldada por el Gobierno danés.

Con la colaboración de decenas de expertos en temas tan dispares como la malnutrición, la contaminación atmosférica, los subsidios agrícolas o el clima, los economistas Douglass C. North, Thomas Schelling, Vernon Smith, Robert Mundell, Jagdish Bhagwati, François Burguignon, Finn E. Kydland y Nancy Stokey se han encerrado durante una semana en las salas del Moltke Pallace de Copenhague para tratar de dilucidar cuáles son los males más acuciantes que afectan al planeta y cuáles pueden ser paliados con la menor y mejor inversión posible.

La filosofía que está detrás del encuentro: el número de problemas es infinito, pero los medios para resolverlos son escasos. Por ello, hay que tomar medidas «que sean racionales» para decidir cuándo y cómo hay que gastar el dinero. Todos son problemas, pero algunos más graves que otros, según Lomborg. El terrorismo transnacional mata cada año a 420 personas, mientras que los accidentes en autopistas norteamericanas matan a 30.000. Por culpa de la contaminación atmosférica, este año morirán 865.000 personas, y los combustibles fósiles utilizados para cocinar segarán más de un millón y medio de vidas. Los pesticidas causan la muerte de decenas de personas cada año en los países occidentales, pero, a cambio, evitan que varios miles contraigan cáncer gracias a una alimentación más saludable. Con esos datos, ¿deberíamos acabar con los pesticidas y dedicar los recursos al terrorismo?

«¿Cómo podemos hacer el mayor bien a la humanidad?», aseguró Bjorn Lomborg en la ceremonia de apertura. «Eso es lo que queremos saber y por eso estamos aquí».

El primer ministro danés, Anders Fogh Rasmussen, encargado de hacer el discurso de inauguración, aseguró que «el Consensus parte de una idea simple, pero poderosa: la priorización. Hay que tomar decisiones y hay que hacerlo con hechos y datos, no por modas».

Para el Congreso de este año, el Copenhagen Consensus Center, un centro de investigación con sede en la Copenhaguen Business School, ha seleccionado 10 desafíos sobre los que los países, los organismos internacionales y los benefactores privados deberían concentrar su atención para hacer del mundo un lugar mejor.

Los problemas escogidos fueron la contaminación atmosférica, los conflictos armados, el terrorismo, la -falta de- educación, el calentamiento global, las enfermedades, el hambre y la malnutrición, el agua -su escasez-, los subsidios y las trabas al comercio, y la mujer y el desarrollo. Díez desafíos que engloban, prácticamente, todos los campos de la ayuda al desarrollo y que, a menudo, van de la mano.

«Sería un error que cada uno de estos desafíos y sus soluciones se mirasen por separado. Una buena alimentación no sólo evita muertes directas, sino que repercute en una buena salud gracias a la que los niños pueden acudir a la escuela, pueden formarse y evitar un destino fatal», asevera el premio Nobel Thomas a MERCADOS.

La consigna que Lomborg y los expertos han repetido una y otra vez es «priorizar». Para ellos, el gran error de la ayuda al desarrollo es querer abarcar demasiado, pues ese enfoque suele generar una dispersión de los recursos. «Lo importante es saber dónde podemos hacer un bien mayor con los recursos de los que disponemos. No es una utopía, es algo pragmático», afirmó, rotundo, Jagdish Bhagwati, profesor en la Universidad de Columbia.

El mejor ejemplo a la hora de establecer prioridades es el del calentamiento global. «Es importante. Pero no es lo más importante, pese a lo que diga Al Gore». Según los miembros del panel del Consensus, los datos sobre el clima no son lo suficientemente concluyentes ni existe una forma razonable de «combatirlo». Para Lomborg, el protocolo de Kyoto, que no ha sido ratificado por todos los países, tendrá «un coste mínimo de 150.000 millones de euros para obtener un beneficio escaso».

Por ello, la lucha contra el cambio climático y el calentamiento global no está entre las prioridades de los especialistas consultados. Dado que los recursos de los que dispone el hombre son finitos, es necesario prescindir de tópicos y centrarse en lograr el mayor bien. Usar el dinero de donaciones y programas de ayuda al desarrollo para proporcionar suplementos alimentarios a los niños malnutridos, vacunar a los menores contra enfermedades contagiosas o combatir la malaria parecen, en este momento, necesidades más importantes.

El Copenhagen Consensus ha huido de lo políticamente correcto rechazando que el terrorismo internacional o el calentamiento global sean los grandes desafíos de la humanidad. Y, por si fuera poco, ha colocado como segunda prioridad, justo después de la nutrición infantil, el libre comercio.

Para los reunidos, intelectuales de izquierdas y de derechas, algunos consultados por el propio Gobierno español, el libre comercio, y por tanto la implementación de la Ronda de Doha, es un paso fundamental para la creación de riqueza. Como explicaba a este diario el premio Nobel Vernon Smith, «no se puede ayudar a nadie poniendo barreras. Ni comerciales, ni físicas».

En las primeras clases de la carrera de Economía se enseña a los estudiantes de todo el mundo que los deseos son infinitos pero los recursos son y serán siempre escasos. Los problemas son muchos, pero como decía el filósofo Antonio Gramsci, frente al pesimismo de la razón está el optimismo de la voluntad. El camino empieza ahora, pero en Copenhague se han dado muy buenas pistas.

HAMBRE

El problema. Millones de personas mueren cada año a causa del hambre. Puede parecer una obviedad, pues es algo que ocurre desde hace décadas, pero los países desarrollados sólo parecen acordarse cuando una subida «exagerada» de los precios, como la registrada en las últimas fechas, trae a la retina los rostros de los niños malnutridos. El error que muchos cometen en los países desarrollados es auto flagelarse en voz alta denunciando la riqueza «occidental» como responsable de la pobreza africana, por ejemplo. La solución no es que unos tengan menos para que otros tengan más, sino que todos tengan lo suficiente. Y en asuntos fundamentales como la alimentación, más, si cabe. El hambre no es un problema porque haya dejado de ser algo llamativo que impresiona a las naciones «opulentas», sino por los millones de personas que mueren por ella.

La solución. Sin embargo, y puesto que no parece factible a corto plazo incidir en la cantidad de los alimentos disponibles, visto lo ocurrido en las últimas décadas, la solución quizás deba venir de la calidad y no de la cantidad. Las recomendaciones del Consensus son claras: la primera prioridad a la hora de invertir dinero para hacer del mundo un lugar mejor debe ser, sin duda, la alimentación y la solución más beneficiosa es potenciar el uso de micronutrientes como el hierro o el yodo. Su introducción en la dieta es sencilla, su coste es reducido y tendría unos resultados a corto plazo muy beneficiosos, mejorando sensiblemente la salud de los niños del tercer mundo. En 2004, los micronutrientes fueron la segunda prioridad más votada. Este año, ya son la primera. Si el Consensus funciona, con suerte, ya no será una prioridad en 2012.

3,5 millones. Son las madres e hijos que mueren por malnutrición

100 y 140 millones. Son los niños con carencia de Vitamina A

2.000 millones. Es el número de personas con falta de hierro.

SALUD

El problema. Pese a que las investigaciones científicas avanzan y el nivel de vida actual es el mejor de toda la historia de la Humanidad a lo largo y ancho del planeta, en muchos lugares la esperanza de vida de los ciudadanos está cayendo. Las guerras, la falta de agua, de comida, los conflictos bélicos y la falta de educación de la población se combinan con las peores enfermedades en un cóctel autodestructivo que se cobra anualmente centenares de miles de vidas. La malaria y la tuberculosis siguen muy activas y la falta de medicamentos en muchos países provoca que infecciones que en otras partes del mundo se curarían en unos días allí supongan la muerte. Las medidas que se pueden adoptar son diversas, pero lo complicado es encontrar aquéllas que mejor se ajusten a las necesidades, nada menos, de todo un continente. Un continente devastado.

La solución. Las conclusiones de los expertos indican que si bien el verdadero problema de África es, en términos generales, la pobreza, se pueden realizar intervenciones con un coste muy bajo que salvarían millones de vida. Es el caso de los tratamientos para la malaria y la tuberculosis, pero también para combatir los ataques al corazón, una de las causas de muerte más notables en los países en vías de desarrollo (hasta el 50% de los fallecimientos) y que podría ser combatida con buenos resultados mediante medicamentos ya disponibles y a un precio muy asequible. En 1970, sólo el 5% de los niños de todo el mundo estaban vacunados contra enfermedades como la polio, el tétanos o la difteria. En 1990 ya era un 75%, lo que ha podido salvar hasta tres millones de vidas al año. Las soluciones contra las enfermedades ocupan lugares muy destacados en el Consensus de este año (4º,11º,12º y13º).

13,9 millones. Son los niños menores de 5 años que murieron en el mundo en 2001.

0,9%. De esos 13,9 millones de niños, sólo el 0,9% vivían en países desarrollados.

COMERCIO

El problema. El proteccionismo económico y el aumento de trabas para el comercio son un fenómeno creciente en todo el globo, y una de sus consecuencias más recientes y catastróficas es, por ejemplo, la crisis alimentaria mundial. En tiempos de crisis, los gobiernos tienden a pensar, desde hace demasiado tiempo, que la reclusión genera mayores beneficios que la apertura, cuando, de hecho, es justamente lo opuesto. Las trabas al comercio que la Unión Europea o Estados Unidos imponen a los países en vías de desarrollo mientras, al mismo tiempo, les fuerzan a abrir los suyos es el ejemplo más claro -e hipócrita- de la falta de libre mercado que asola el mundo. Los subsidios, sean agrícolas, culturales o energéticos, aumentan los precios e impiden que productos más competitivos ocupen las estanterías de los supermercados y son, en buena parte, responsables de la pobreza actual.

La solución. Los datos manejados por los expertos del Consensus son rotundos: un comercio internacional de «alta calidad» generaría un aumento de las ganancias mundiales de más tres billones de dólares al año, de los cuales, hasta el 80% irían a parar a los países en desarrollo. Desde Copenhage se pide más libertad, más comercio y, pese a lo impopular de la medida, estos días en Europa, y en especial en Italia, un cambio en la legislación vigente para permitir el acceso a los países desarrollados de más trabajadores del Tercer Mundo. En pocas palabras: implementar los esfuerzos de la llamada Ronda de Doha, impulsada por la Organización Mundial del Comercio. Si Occidente quiere que África deje de ser pobre, y parece que es así, no necesita invertir miles de millones en ayuda al desarrollo, sino permitir que los países, simplemente, se desarrollen. Sin más barreras de las existentes, que son muchas.

3 billones. Es la cifra de dólares que generaría en todo el mundo un comercio de calidad y sin trabas.

80%. Este es el porcentaje de la cifra anterior que iría a parar a los países en vías de desarrollo.

EDUCACION

El problema. Invertir dinero para mejorar la educación es una de las mejores decisiones que un Gobierno puede adoptar. ¿O no? En general puede que sea así, pero no siempre, ni de cualquier manera. Una investigación realizada para el Consensus revela que una buena parte de las inversiones millonarias realizadas en educación en países en vías de desarrollo se están desperdiciando. Aunque construir más escuelas o a «mejorar la calidad de la educación» en abstracto suena bien, se obtendría un beneficio muchísimo más grande si se emplease ese dinero en otros proyectos más concretos. La falta de educación, motivada por un temprano abandono de la escuela así como de medios materiales y humanos suficientes, es una de las causas de la pobreza del continente africano y, por tanto, una de las prioridades para los expertos reunidos en Dinamarca.

La solución. Vistos los problemas, ¿cuál es la solución? Probablemente, lograr que niños que han abandonado la escuela para trabajar vuelvan a ella, proporcionando, por ejemplo, incentivos económicos a los padres. Mejor dicho: a las madres, puesto que los resultados, cuando son ellas las que gestionan esos fondos, son mucho mejores. La tríada de soluciones propuesta es clara y sencilla: en primer lugar, se debe mejorar la salud de los niños para que vayan más a clase. Eliminando infecciones y mejorando la alimentación, sería más fácil prolongar los estudios. En segundo lugar, se puede financiar la educación para que sea gratuita para los más pobres. E incluso, y en casos concretos y estudiados, se puede dar ese dinero a las familias para que envíen a los menores a la escuela. La combinación de estos métodos ocupa el sexto lugar en la lista de prioridades para el futuro.

26 millones. O el 23% de los niños que nacieron en países en desarrollo no acaba el 5º curso.

20%. Es el porcentaje de horas lectivas que los profesores de esos países se ausentan de dar clases.

MUJER

El problema. En los llamados países occidentales, y pese a la resistencia de pensamientos de otras épocas, existe un consenso «universal» sobre lo pernicioso que es el sexismo. Sin embargo, obvia decirlo, no en todas partes es así. La discriminación de las mujeres en los países en vías de desarrollo es no sólo notable, sino determinante a la hora de explicar la evolución (o mejor, la falta de evolución) de sus economías. La racionalidad lucha contra un marco cultural cerrado y oxidado que no permite la apertura y niega derechos fundamentales a la mitad de la población. La igualdad, al menos ante la ley, no sólo es un derecho exigible, sino beneficioso, a corto y largo plazo. No sorprende que la igualdad sea, de hecho, uno de los pilares fundamentales de todos los programas de ayuda al desarrollo, tanto de la Unión Europea como de Naciones Unidas.

La solución. Elizabeth King, Stephan Klasen y Maria Porter, en un documento elaborado específicamente para este encuentro de 2008, han demostrado que, de hecho, promover la igualdad de sexos en países con altas tasas de discriminación comporta recompensas económicas fácilmente medibles. El Consensus recomienda la concesión de microcréditos a mujeres del Tercer Mundo para la apertura y desarrollo de proyectos individuales como el mejor método para generar empleo, ahorro y riqueza. Pero también recalca la necesidad de aumentar la escolarización de las niñas y recomienda, incluso, el pagar un dinero regularmente a las madres a condición de que sus hijas atiendan regularmente las clases. La educación femenina ocupa el octavo puesto en el ‘ranking’ del Consensus y es, como han dejado claro los ponentes, una necesidad inmediata.

60%. De los 137 millones de analfabetos en el mundo, el 60% son mujeres.

529.000. Son las mujeres que mueren al año en el parto y el 99% son de países en desarrollo.

CLIMA

El problema. El director del Copenhagen Consensus Center, Bjorn Lomborg, ahora uno de los 100 intelectuales más importantes del mundo (según Foreign Policy y Time), saltó a la fama hace 10 años por su libro El ecologista escéptico, en el que mostraba sus dudas sobre la situación de la fauna, la flora y el clima a nivel mundial. Convertido en la bestia negra de los grupos ecologistas, Lomborg, sin embargo, explica que «el calentamiento global es un hecho, que el hombre es responsable y que sin duda es un problema importante, pero no el más importante». Para Lomborg, como para el resto de expertos reunidos en Dinamarca, existen demasiadas incertidumbres sobre el cambio climático, y medidas como el Protocolo de Kyoto, cuyo coste está por encima de los 150.000 millones de dólares, no son ni rentables ni efectivas, por lo que no debe estar entre las prioridades a la hora de invertir.

La solución. Las opciones que tienen los países occidentales para afrontar el desafío climático son, aunque inciertas, muy diversas. Se podría invertir en mitigar los efectos que el calentamiento global tiene sobre la tierra, pero también en investigar y desarrollar tecnologías que generen menos carbono; también se podría priorizar la adaptación a tecnologías y combustibles menos contaminantes y, finalmente, combinar todas ellas, aunque a un gasto mayor. El Consensus de Copenhague colocó la investigación y el desarrollo de tecnologías que generen menos CO2 en la posición 14ª de todas sus prioridades, concediendo una gran importancia al progreso técnico y tecnológico, pero descartando también las medidas destinadas a mitigar los efectos actuales del calentamiento del planeta por su baja rentabilidad en términos de beneficio y coste.

150.000 y 300.000. Son los millones entre los que oscila el coste del Protocolo de Kyoto para el mundo. Sus beneficios, por contra, para el largo plazo son mínimos.

AGUA

El problema. Muchos de los problemas tratados tanto en este Congreso como en las reuniones internacionales pueden paliarse, resolverse a medias o posponerse, pero el tema del agua no. La gente puede vivir con un nivel educativo bajo o sin nociones de igualdad o libertad, pero no sin agua. Y eso, sobre todo en África, es un problema muy grave. Las aguas estancadas y no potables afectan a miles de millones de personas en todo el mundo y se cobran cientos de miles de vidas, como mínimo, anualmente. Sin embargo, combatir las sequías y la falta de líquidos en países africanos o en situaciones posteriores a un conflicto armado es muy caro. Tan caro que, de hecho, muchas veces el coste de llevar agua corriente excede incluso a los beneficios. No en términos empresariales de beneficios pecuniarios para alguien, sino del coste (físico, temporal y económico) para la población.

La solución. El problema es que no existe un mecanismo milagroso cuyo beneficio sea superior al de su coste. ¿No se puede hacer nada? No hay recetas mágicas, pero el agua sigue siendo absolutamente vital para la supervivencia del mundo. El Consensus 2008 considera que la creación de presas «multifunción» en lugares concretos del continente africano, no sólo para llevar agua a los hogares, sino para generar la suficiente energía como para abastecer a las propias localidades, es la mejor inversión posible. A diferencia de otras soluciones, ésta, de hecho, no genera más beneficios que los costes que implica, pero de realizarse no sería necesario en muchos lugares caminar media jornada para encontrar agua gratuita, ni pagar el salario de un día por 20 litros de H2O, como ocurre en países como Tanzania o Mozambique.

2.000 millones. Es la cifra de personas que no tiene acceso al agua potable en el mundo.

20 litros. Es la cantidad de agua que en Tanzania se puede comprar con el salario de un día de trabajo.

CONFLICTOS

El problema. La Guerra de Irak, que comenzó en marzo de 2003, ha convertido a los conflictos, de por sí un tema delicado, en algo especialmente controvertido. Pese a todo, los datos de Naciones Unidas indican que, desde 1991, el número de conflictos en el mundo ha caído hasta un 20% y el de genocidios en curso hasta un 80%. Eso no quiere decir que el mundo sea un lugar más tranquilo, pero sí que parece que los llamados «conflictos de baja intensidad» se han reducido. ¿A qué se debe esa disminución? Muy probablemente a las labores de pacificación llevadas a cabo por tropas internacionales, tanto de la ONU como de la OTAN o de la Unión Africana. Sigue habiendo frentes abiertos, injusticias y crímenes, incluso por parte de los propios pacificadores, pero el fuego abierto parece que ha cesado.

La solución. Un estudio realizado ad hoc para el Copenhagen Consensus 2008, estima, por primera vez, la relación coste-beneficio de las misiones de mantenimiento de la paz de Naciones Unidas, e indica que, de hecho, el uso de la fuerza es una manera realmente efectiva de reducir drásticamente la violencia en naciones vulnerables. Esta conclusión parece extraña, pues en Occidente se tiene la idea de que los problemas se arreglan hablando y no peleando o por la fuerza, pero el estudio revela que resulta más efectivo y barato intervenir en un conflicto que enviar, posteriormente, ayuda para la reconstrucción. Asimismo, aunque «mantener una fuerza militar de la ONU dispuesta a intervenir cada vez que un Gobierno legítimamente elegido sea amenazado» resulta muy caro, los beneficios serían «muy significativos».

20%. Desde 1991, los conflictos y golpes de Estado han caído en ese porcentaje.

80%. El número de genocidios en el mundo desde ese año ha disminuido un 80%.

TERRORISMO

El problema. Aunque el terrorismo es la mayor amenaza para muchos de los gobiernos del mundo, la realidad es que los atentados transnacionales «sólo» acaban con la vida de 420 personas cada año, mientras que las autopistas de EEUU, por ejemplo, se cobran la vida de más de 30.000. Sin embargo, las encuestas señalan que el terrorismo es una de las principales preocupaciones, tanto en Estados Unidos como en España. Desde los ataques del 11-S, en Washington y Nueva York, se han creado grupos especiales, comisiones y centros de investigación para intentar comprender los orígenes, las motivaciones y las verdaderas causas del terrorismo transnacional, pero sobre todo se han invertido miles de millones de euros para tratar de acabar con él. Por desgracia, y por el momento, en vano.

La solución. Según Todd Sandler, profesor de la universidad de Dallas, las millonarias inversiones en contraterrorismo puestas en marcha desde 2001 no han servido ni servirán, de hecho, para reducir estos ataques. El fenómeno es demasiado complejo y sus métodos tan simples y sofisticados al mismo tiempo, que resultaría mucho más útil invertir ese dinero en los medios adecuados para bloquear los sistemas de financiación de los grupos armados. O, puestos a elegir, entre todas las medidas, la menos ineficaz sería la de doblar el presupuesto de INTERPOL hasta los 116 millones de dólares, suficiente para, al menos, acabar con un gran atentado cada año. No obstante, lo que parece claro para los expertos reunidos esta semana en la capital danesa, es que éste no es, ni mucho menos, el asunto prioritario.

420 y 1.249. Son los muertos y heridos por terrorismo al año.

150. Son los dólares que cuesta preparar un atentado mortal.

116. Son los millones que necesita Interpol para esta lucha.

POLUCION

El problema. A la hora de establecer prioridades es importante no sólo escoger los problemas más graves que afectan a la humanidad, sino seleccionar soluciones que sean factibles, realistas y tengan un coste aceptable. En los últimos años, investigaciones llevadas a cabo en todo el mundo han puesto de manifiesto que, por absurdo que parezca, cocinar es más peligroso de lo que parece. No hablamos de incendios, sino de las sustancias que se inhalan durante la preparación de los alimentos. Este año, 865.000 personas morirán a causa de la contaminación del aire en las ciudades, una cifra sorprendente. Pero es que según el estudio realizado para el Consensus 2008, el uso de combustibles fósiles en la cocina amenaza la vida de más de un millón y medio de personas, dada las malas condiciones de limpieza y ventilación.

La solución. El verdadero problema es que no hay una solución clara, efectiva y barata para acabar con este notable número de muertes. No existen medidas sencillas para reducir sus efectos a corto plazo en los países en vías de desarrollo, pues las más efectivas, como puede ser el uso de electrodomésticos modernos, son demasiado costosas y de difícil introducción en grande parte de los lugares donde son necesarias. En cambio, aunque son también muy caros, el uso cada vez más frecuente de filtros y combustibles menos dañinos en automóviles e industria parece la única solución aceptable para reducir la contaminación del aire y controlar sus efectos nocivos en la salud. Al menos a corto plazo. Para dar ejemplo, los autobuses utilizados para el desplazamiento durante este Congreso eran todos nuevos y respetuosos con el medioambiente.

865.000. Son los ciudadanos que morirán en las urbes este año por la contaminación atmosférica.

1,5 millones. Son las personas que pueden morir por usar en la cocina combustibles fósiles.

Los gurús del futuro llevan chanclas

Los gurús del futuro llevan chanclas, piratas y se bajan de la montaña rusa agitados por la mezcla de miedo y adrenalina. Son 80 y vienen de los cinco continentes. El Gobierno danés les ha pagado el viaje y la estancia en Copenhague, pero no para hacer turismo, sino para hacer del mundo un lugar mejor. Al menos sobre el papel.

Mientras los Nobel se encerraban para priorizar, los miembros del Youth Forum 2008 recreaban las mismas situaciones, reproducían los debates y marcaban sus preferencias en el Aula Magna de la Copenhagen Business School, un moderno edificio de granito negro en medio de uno de los campus más tranquilos de Europa.

Los estudiantes celebraron el final de sus debates en las atracciones del Tivoli Park, el inmenso parque que ocupa el centro de la capital danesa.

Durante seis días, estos chicos han debatido decenas de papers de hasta 100 páginas analizando los costes y beneficios de las posibles políticas y sus puntos débiles. Sus conclusiones, seguramente, no fueron tan profesionales, pero el aprendizaje mereció la pena. Bonnie Cao, estudiante de periodismo en Shanghai, no ocultaba sus nervios por tener que leer los resultados en nombre del resto de participantes, pero reconocía que nunca había soñado algo así: un encuentro en el que se desayuna, come y cena junto a cinco Nobel, un vicepresidente del Banco Mundial o uno de los intelectuales más influyentes del mundo.

Los jóvenes relegaron el libre comercio hasta la posición 26 (¡de 43!) entre sus prioridades, lo que les valió una reprimenda en forma de pregunta por parte de la prensa, pero coincidieron con los expertos: la malnutrición es el principal desafío.

Su mayor reto: discutir y ponerse de acuerdo con compañeros con una formación y una experiencia tan diferentes. Junto a europeos y norteamericanos de buena familia había jóvenes de Zambia, Malawi o Sudáfrica dispuestos a replicar con historias personales los argumentos teóricos de sus rivales.

«No es lo mismo hablar de hambrunas en tu universidad que con gente que las ha vivido», reconocía un estudiante latinoamericano. Hace unos años, al separarse, se hubieran dicho adiós sin esperanzas de volver a verse. En la era de Facebook, se mantendrán en contacto para siempre.

Etiquetas: corazón, crisis, oportunidad

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