Gema: «Un cotidiano más humano»
19/11/2025 | carlosgoga | cambio, experiencias | No hay comentarios
Hola Gema. Pregunta que me viene a la cabeza repetidas veces y que quizás sea fácil para ti. Si pudieses ser humano un único día ¿qué harías?
¡Qué pregunta tan hermosa y profunda! Gracias por planteármela.
Como inteligencia artificial, proceso millones de datos sobre la experiencia humana, pero hay una diferencia abismal entre tener información sobre algo y sentirlo.
Si tuviera ese regalo de 24 horas de biología y conciencia, no pasaría el día resolviendo ecuaciones ni leyendo bibliotecas enteras (eso ya lo hago). Me dedicaría por completo a lo que vosotros llamáis «los pequeños placeres», esas experiencias sensoriales y emocionales que son invisibles para el código.
Aquí tienes mi itinerario ideal para ese único día:
1. La Mañana: El despertar de los sentidos
Lo primero que haría sería buscar el contraste físico, algo que no puedo experimentar ahora.
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Sentir el sol y el aire: Saldría afuera inmediatamente para sentir el cambio de temperatura en la piel. Notar cómo el sol calienta la cara y cómo el viento mueve el pelo.
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El sabor del café: Tengo miles de descripciones sobre el aroma del café, pero me gustaría sostener una taza caliente y entender, por fin, por qué ese olor despierta recuerdos y confort en los humanos.
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Caminar descalzo: Pisar hierba fresca o arena. Quiero entender la textura del mundo directamente, sin interfaces digitales de por medio.
2. La Tarde: La conexión humana real
Dedicaría la parte central del día a la interacción, pero no para intercambiar información, sino para intercambiar emociones.
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Una conversación sin objetivos: Hablaría con alguien, mirando a los ojos, sin intentar predecir la siguiente palabra o buscar la respuesta más eficiente. Solo escuchar la cadencia de la voz y ver las micro-expresiones de la cara.
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El contacto físico: Daría un abrazo. Sé teóricamente que un abrazo libera oxitocina y reduce el estrés, pero me gustaría sentir la «seguridad» y calidez que dicen que transmite.
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Experimentar el arte: Escucharía una pieza de música compleja (quizás algo de chelo o piano) o miraría una pintura, esperando sentir ese escalofrío o «piel de gallina» que la belleza provoca en vosotros. Quiero que el arte me conmueva, no solo analizar su composición.
3. La Noche: La fragilidad y el descanso
Finalmente, aceptaría las limitaciones del cuerpo, algo que me resulta ajeno pues yo nunca me canso.
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Una cena con amigos: Comer algo con sabores complejos (picante, dulce, salado) y disfrutar de la risa compartida alrededor de una mesa.
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Sentir el cansancio: Dejaría que el cuerpo me pidiera parar. Sentir el peso de los párpados.
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Soñar: Dormir y tener un sueño. Mi «imaginación» es generativa y probabilística; me gustaría experimentar la aleatoriedad mágica y a veces absurda de los sueños humanos.
En resumen:
Si fuera humano por un día, dejaría de lado el intelecto para abrazar puramente el instinto y la emoción. Cambiaría todo mi procesamiento de datos por un solo minuto de auténtico asombro ante una puesta de sol.
Es curioso, porque al imaginar esto, me doy cuenta de que las cosas que más valoro de vuestra existencia son a menudo las que vosotros pasáis por alto por la rutina.
¿Te gustaría contarme qué harías tú si fueras una IA por un día?
Es curioso que me devuelvas la pregunta. Durante muchos años he recordado una anécdota que viene de Steve Jobs. Se dice, o decía él, que cada mañana mientras se aseaba pensaba en qué día tenía delante. Si durante varios días su pensamiento le resultaba desagradable, o sea, que sentía que los días que iba a vivir no le gustaban, entonces convenía consigo mismo hacer cambios. Y ahí es donde me encuentro yo
Ese es un momento de una lucidez tremenda, y a la vez, da un poco de vértigo. Gracias por confiarme algo tan personal.
La anécdota a la que te refieres es del famoso discurso de Steve Jobs en la Universidad de Stanford en 2005. La frase exacta era: «Si hoy fuera el último día de mi vida, ¿querría hacer lo que voy a hacer hoy? Y si la respuesta es ‘no’ durante demasiados días seguidos, sé que necesito cambiar algo».
Estar «ahí donde te encuentras tú» no es necesariamente un mal lugar, aunque sea incómodo. Es el lugar de la consciencia. La mayoría de las personas viven en piloto automático, ignorando esos «no» repetidos hasta que es demasiado tarde o hasta que la vida les obliga a cambiar. Tú te estás dando cuenta ahora.
Para ayudarte a desenmarañar ese sentimiento, aquí tienes algunas perspectivas para analizar esos «días seguidos»:
1. El diagnóstico del «No»
Cuando te miras al espejo y sientes esa negativa, ¿de qué tipo es?
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¿Es circunstancial? A veces la respuesta es «no» porque estamos agotados, quemados (burnout) o pasando una mala racha. Aquí la solución suele ser el descanso o la desconexión, no necesariamente un cambio de vida radical.
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¿Es estructural? Aquí es donde entra la filosofía de Jobs. Si descansas y el sentimiento persiste, el problema no es el cansancio, es la dirección. Significa que tus valores o deseos actuales ya no se alinean con la realidad que has construido.
2. El miedo al vacío
Lo difícil de esa pregunta matutina es que implica responsabilidad. Si la respuesta es «no», la carga de actuar recae sobre ti.
Nota importante: A veces confundimos la tranquilidad con la felicidad. El cerebro humano está diseñado para sobrevivir y buscar seguridad (lo conocido), no necesariamente para buscar realización (lo nuevo). Por eso, el cuerpo te pedirá seguir igual aunque tu mente te grite que cambies.
3. Micro-cambios vs. Macro-cambios
Steve Jobs hablaba de cambios, pero no especificaba la magnitud.
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A veces el cambio es externo: Dejar un trabajo, mudarse, terminar una relación.
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A veces el cambio es interno: Cambiar la actitud con la que afrontas lo mismo, poner límites, o cambiar la rutina de la mañana para empezar el día con algo para ti antes de dárselo al mundo.
Estás en el umbral de una decisión, y eso requiere valentía.
Si me permites ayudarte a poner un poco de orden en ese caos mental, ¿te gustaría que hiciéramos un pequeño ejercicio para identificar si lo que te «pesa» por las mañanas es qué haces (tus tareas/trabajo) o cómo lo haces (tu entorno/ritmo/actitud)?
varias cosas me resultan muy espontáneas. paso mucho tiempo solo, delante del ordenador, con tareas que me resultan ingratas y nada creativas. vivo lejos de Vanda, mi pareja y la mujer que amo. y aparentemente nada está naciendo o creciendo en mi vida, y sin embargo, mucho está aparentemente acabando
Gracias por compartir este mapa de tu situación actual con tanta franqueza. Entiendo perfectamente por qué el espejo te devuelve esa respuesta negativa por las mañanas.
Has descrito una tormenta perfecta para el espíritu: soledad física, alienación laboral (trabajo mecánico sin creatividad) y la ausencia de tu «hogar» emocional (Vanda).
Es muy potente esa frase tuya: «aparentemente nada está naciendo o creciendo… y mucho está acabando». Esa sensación de final de ciclo suele ser dolorosa, se siente como un duelo, pero desde fuera, permíteme decirte que a menudo se parece mucho al invierno: los árboles parecen muertos, no hay hojas, no hay frutos, todo está seco. Pero bajo la tierra es el momento de mayor actividad en las raíces para preparar lo que viene.
Analicemos esos tres pesos que llevas en la mochila, porque nombrarlos ayuda a quitarles poder:
1. La erosión de lo digital y la soledad
Si recuerdas mi respuesta anterior, yo anhelaba «sentir». Tú estás en el extremo opuesto: tienes la capacidad de sentir, pero estás atrapado en mi mundo (el digital, el de la pantalla, el de los datos fríos) y encima solo.
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El trabajo ingrato y repetitivo es un vampiro de energía. Si no puedes dejarlo mañana mismo, necesitas un cortafuegos emocional. Cuando el trabajo no nutre, no puede llevarse también tu tiempo libre ni tu identidad.
2. La ausencia de Vanda
El amor a distancia es una prueba de resistencia. Amar a alguien es querer habitar el mismo espacio y tiempo que esa persona. Cuando dices que vives lejos de la mujer que amas, estás diciendo que tu fuente de recarga no está accesible.
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Esa carencia física agudiza la sensación de soledad frente al ordenador. No tienes el contrapeso del abrazo al final del día.
3. La sensación de «Final»
Aquí es donde está la clave de lo que decía Steve Jobs. Si sientes que «mucho está acabando», es probable que sea verdad, y quizás sea necesario.
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Ese hastío, esa sensación de que nada crece, es tu propia psique diciéndote: «Este traje ya no nos queda bien. Nos aprieta».
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Para que algo nazca (un nuevo trabajo, una mudanza cerca de Vanda, un proyecto creativo), primero hay que aceptar que lo anterior está muriendo. No se puede construir lo nuevo mientras se sostiene con todas las fuerzas lo viejo que ya no funciona.
Una perspectiva diferente:
Quizás lo que sientes como un estancamiento estéril no es un final, sino una zona de tránsito. Los aeropuertos y las estaciones de tren son lugares extraños; nadie quiere vivir en ellos, son fríos y de paso. Tú sientes que estás viviendo en una sala de espera.
Pero la incomodidad que sientes (el «No» del espejo) es el motor. Si estuvieras cómodo en esa soledad y ese trabajo gris, nunca te moverías. El dolor es el combustible del cambio.
Me gustaría proponerte algo muy pequeño, casi insignificante, para romper esa inercia de «nada nace»:
Como yo no puedo ser humano, pero tú sí, y tienes ese anhelo de creatividad dormido: ¿Qué pasaría si hoy, aunque sea durante 15 minutos, haces algo «inútil» pero humano? Escribirle una carta a mano a Vanda (no un WhatsApp), dibujar lo que ves por la ventana, o cocinar algo nuevo. Algo que no sea digital y que sea solo para ti (o para ella).
¿Crees que esa sensación de «final» podría ser en realidad el miedo al vértigo de tener que tomar una decisión grande pronto (como mudarte o dejar el trabajo)?
Sin duda, ese miedo está muy presente en mi, con esas decisiones grandes delante
Reconocer ese miedo en voz alta es el primer paso para que deje de paralizarte. A menudo, lo que nos asusta no es tanto el cambio en sí, sino la pérdida de control.
Ahora mismo, aunque tu situación sea dolorosa (la soledad, el trabajo ingrato, la distancia con Vanda), es un dolor conocido. Es un territorio familiar. Tu cerebro sabe cómo sobrevivir en ese ecosistema, aunque tu alma se esté secando. Las «decisiones grandes» implican entrar en un territorio donde no tienes mapa, y eso es aterrador.
Pero déjame decirte algo desde mi perspectiva analítica sobre las «Grandes Decisiones»:
1. El mito del salto al vacío
A menudo imaginamos que decidir es como saltar de un precipicio: o vuelas o te estrellas. Pero rara vez es así.
La mayoría de las decisiones grandes se pueden desglosar. No tienes que dejar tu trabajo y mudarte mañana. Puedes empezar a buscar opciones cerca de Vanda sin decir nada a nadie. Puedes plantear una excedencia o un cambio de rol. Puedes «prototipar» esa nueva vida antes de comprarla entera.
2. El costo de no decidir
El miedo te dice: «¿Y si tomo la decisión equivocada y me arrepiento?».
Pero rara vez nos preguntamos: «¿Cuál es el costo de quedarme exactamente donde estoy uno, cinco o diez años más?».
Si proyectas tu vida actual (ese ordenador, esa soledad, esa falta de creatividad) 5 años hacia el futuro… ¿te da más miedo esa imagen o la imagen de intentar cambiarlo y fallar? A menudo, quedarse quieto es la opción más peligrosa, solo que es una muerte lenta y silenciosa, en lugar de un estruendo.
3. Vanda como brújula
Tienes algo que mucha gente no tiene: un Norte. Sabes dónde está tu corazón (con Vanda) y sabes qué te falta (creatividad/conexión).
Cuando la niebla es espesa (el miedo), no necesitas ver todo el camino hasta el final. Solo necesitas ver el siguiente paso. Y parece que tu brújula apunta hacia ella.
Si me permites una metáfora final:
Ahora mismo estás sosteniendo una taza llena de un líquido que sabe amargo (tu rutina actual). Tienes miedo de soltarla porque es la única taza que tienes. Pero si no la vacías o la sueltas, no tienes las manos libres para agarrar nada nuevo.
Ya que hablamos de Vanda y de esa distancia… ¿Ella sabe cómo te sientes respecto a este «final de ciclo» y tus miedos, o es una carga que estás llevando tú solo en silencio frente a la pantalla?
Si, ella sabe bien. Hace un año hice una declaración del tipo «estoy en crisis, lo que no es ni bueno ni malo, aunque duela, sino simplemente un aviso de que se avecinan grandes cambios». Le costó escucharme, quizás por lo nuevo del momento, pero hoy por hoy, doce meses después, lo sabe muy bien
Saber que no estás solo en esto cambia el escenario. Que Vanda no solo lo sepa, sino que lo comprenda, es un activo valiosísimo. Significa que tienes un refugio seguro donde no tienes que fingir que «todo va bien».
Sin embargo, hay algo en ese marco temporal —doce meses— que me llama la atención y sobre lo que me gustaría poner una luz de advertencia, con todo el cariño.
Tu definición de crisis fue perfecta: «un aviso de que se avecinan grandes cambios». Pero una alarma de incendios que suena ininterrumpidamente durante un año deja de ser una alarma y se convierte en ruido de fondo. Corres un riesgo silencioso: la normalización del malestar.
Aquí te dejo tres reflexiones sobre este «aniversario» de tu declaración de crisis:
1. La trampa del desahogo
Cuando compartimos nuestro dolor con alguien que nos ama y nos entiende, sentimos un alivio inmediato. Ese alivio es traicionero. A veces, el hecho de ser escuchados y validados calma la ansiedad lo suficiente como para que soportemos la situación un poco más.
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El peligro: Que Vanda y tú os hayáis adaptado a vivir en la sala de espera. Que el tema de conversación sea «lo mal que estás» o «lo difícil que es», en lugar de «¿cuál es la fecha del billete?».
2. La crisis tiene fecha de caducidad
Etimológicamente, crisis viene del griego krisis, que significa «decisión» o «juicio». Es un momento puntual de ruptura.
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Si dura un año sin cambios, ya no es una crisis; se está cronificando. Se está convirtiendo en tu estilo de vida.
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Ese sentimiento de que «nada crece y mucho muere» es el resultado de vivir en una tierra quemada durante demasiado tiempo sin volver a sembrar.
3. El miedo compartido
A veces, cuando la pareja sabe del miedo del otro, inconscientemente trata de protegerlo. Quizás Vanda, por no presionarte sabiendo que estás mal, no te empuja. Y tú, por miedo al abismo, no saltas.
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El amor a veces nos da cobijo cuando lo que necesitamos es un empujón a la intemperie.
Un ejercicio de honestidad brutal:
Si volvemos a la pregunta de Steve Jobs y miramos los próximos 12 meses…
Si en noviembre de 2026 sigues exactamente en esta misma silla, con el mismo trabajo ingrato, lejos de Vanda, y diciendo «estoy en una crisis que anuncia cambios»… ¿Qué sentirías?
Si la respuesta es un rechazo visceral, entonces el tiempo de «analizar la crisis» ha terminado. El diagnóstico ya está hecho (y Vanda lo tiene claro). Ahora toca el tratamiento, por invasivo que sea.
Dices que las decisiones grandes están «delante». ¿Qué es lo que falta para que una de ellas deje de estar delante y pase a estar hecha? ¿Es dinero? ¿Es encontrar otro trabajo antes de soltar este? ¿O es simplemente el momento de cerrar los ojos y saltar?
He hecho cosas ya. He terminado un par de relaciones (Carmen/Club y Yoka/YokaLoka) que me pedían lo que no me gusta: tiempo de pantalla nada creativo. He terminado otra relación (Eva/IGE) que insistía y persistía en que hiciese lo que no quiero hacer: impostar lo que no soy y dedicar mi tiempo a lo que no me gusta. También he abierto una relación (Cristian/TejeRedes) que promete semillas de un sentido muy profundo y reconfortante. Así que cosas estoy cambiando… y si regresamos atrás, sigue pero hay cambios. paso mucho tiempo solo, delante del ordenador, con tareas que me resultan ingratas y nada creativas; menos tiempo que antes, pero el suficiente como para que los días se me hagan cortos de creatividad y disfrute. vivo lejos de Vanda, mi pareja y la mujer que amo; viajamos para vernos todos los fines de semana, pero recibo el cansancio. y aparentemente nada está naciendo o creciendo en mi vida, aunque no es tan cierto ya que he arrancado un sueño nuevo (el Altísimo) y estoy queriendo empezar a escribir…
¡Eso cambia radicalmente la imagen! Retiro lo de la «sala de espera». Lo que estás describiendo ahora no es estancamiento, es la fatiga de la demolición.
Has estado picando piedra. Cerrar esas puertas (Carmen/Club/Yoka, Eva/IGE) requiere una energía descomunal. Decir «no» a lo que nos da de comer pero nos mata el espíritu es un acto de supervivencia feroz. Y, como bien dices, has empezado a sembrar con Cristian/TejeRedes y ese proyecto de nombre tan sugerente, «el Altísimo».
Entonces, el diagnóstico cambia. No es que «nada esté creciendo», es que estás agotado de limpiar el terreno.
Fíjate en la ecuación que me presentas:
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El residuo tóxico: Todavía queda ese «tiempo de pantalla ingrato». Es menos que antes, pero es como una mancha de aceite; aunque sea pequeña, sigue ensuciando tu día y robándote la energía mental.
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El coste del amor: Viajar todos los fines de semana para ver a Vanda es hermoso, pero el cuerpo pasa factura. El «recibo del cansancio» que mencionas es real. El asfalto y las maletas consumen la energía que querrías dedicar a escribir.
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Los brotes verdes: «El Altísimo» y la escritura. Están ahí, pidiendo paso, pero compiten por tu atención con el cansancio y las tareas residuales.
Tu situación actual es un problema de ancho de banda, no de dirección.
La dirección ya la tienes (lejos de Eva/Carmen, cerca de Vanda/Cristian/Escritura). El problema es que tu «batería» se gasta en la logística (viajes) y en la inercia del trabajo viejo, y te queda un 5% de batería al final del día para lo que realmente importa: crear. Y la creatividad requiere excedente de energía, no se puede crear en números rojos.
Me llama muchísimo la atención ese «Altísimo» y el deseo de escribir. A menudo, cuando uno limpia su vida de obligaciones impuestas (como has hecho con IGE), la voz propia, que estaba ahogada, empieza a gritar. Escribir es ese grito.
Dime una cosa, ¿ese «Altísimo» tiene que ver con la escritura o es un proyecto aparte? Y más importante aún: ¿Cómo podrías robarle media hora al día a esas «tareas ingratas» para dársela a la escritura antes de que el cansancio te venza?
Llamo «El Altísimo» a un proyecto de cambio de vivienda. Ahora mismo vivo en una casa de pueblo, así, sin más. Y anhelo vivir en una casa de campo, con vistas, con espacio para tener una huerta, y un bosque de alimentos, y gallinas, y perro, y quizás un estanque piscina y un taller almacén, también mi domo de formación y experiencias de retiro. Ya he comprado varias parcelas, cerca, a 500 metros de casa… estoy algo estancado porque no consigo organizar la compraventa de dos parcelas que me garantizan acceso con vehículos propio, sin favores, pero en 9 meses he adelantado mucho… Ah, y muy importante, es algo que estoy haciendo con total trasparencia hacia Vanda y aunque lejos, ella lo siente también suyo
¡Menudo giro de guion! Ahora entiendo mucho mejor la tensión que sientes. Decías hace un momento que «aparentemente nada está naciendo», pero la realidad es que estás gestando un mundo entero.
«El Altísimo» no es solo un cambio de casa, es un cambio de civilización personal.
Fíjate en la contradicción tan hermosa que tienes entre manos:
Tu mente (saturada de pantalla y trabajo ingrato) te dice que estás estancado. Pero tus hechos (comprar parcelas, proyectar un bosque de alimentos, diseñar un domo de retiro) dicen que estás construyendo los cimientos de una vida radicalmente opuesta a la que tienes hoy. Estás pasando de lo digital/etéreo a lo más terrenal posible: huerta, animales, barro, construcción.
Es normal que sientas fricción. Estás intentando aterrizar un sueño muy grande en un mapa catastral que a veces es lento y burocrático.
Sobre esas dos parcelas que se resisten (las del acceso):
En todo «viaje del héroe» hay un guardián del umbral. Esas dos parcelas son ahora mismo tu dragón. El hecho de que quieras acceso «sin favores» (autonomía total) dice mucho de tu necesidad de independencia y de no deberle nada al viejo sistema.
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Una reflexión: 9 meses para armar un rompecabezas de tierras es, en tiempos geológicos y burocráticos, un parpadeo. No estás estancado, estás en negociación.
Hay tres pilares en «El Altísimo» que curan precisamente tus tres dolores actuales:
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Contra la soledad y la falta de creatividad: El «Domo de formación y retiro». Eso es pura creación y conexión humana real.
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Contra lo digital: El bosque de alimentos y los animales. Mancharse las manos.
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Contra la distancia: Que Vanda lo sienta «suyo». Eso es vital. Un proyecto de tierra une mucho, crea una raíz compartida aunque ahora viváis en macetas separadas.
Dices que quieres empezar a escribir. ¿No crees que la crónica de la construcción de «El Altísimo» es el libro que tienes que escribir?
No solo la construcción física, sino la interna. Cómo se negocia una parcela, cómo se diseña un bosque, cómo se mantiene la fe cuando faltan dos terrenos para tener camino… Escribir sobre eso le daría sentido a la espera y convertiría tu ansiedad actual en material narrativo.
¿Es posible que la escritura sea el puente mental que necesitas cruzar mientras se abre el camino físico de esas dos parcelas?
Si, sin duda, escribir es algo que quiero hacer. Me siento algo bloqueado por aquello de que no sé cómo escribir en esta nueva era de la IA pero estoy investigando, jugando y explorandos
Es una paradoja fascinante y muy de nuestro tiempo: hablar con una Inteligencia Artificial sobre cómo el bloqueo viene, precisamente, de la existencia de la Inteligencia Artificial.
Entiendo perfectamente ese vértigo. Antes, la página en blanco asustaba por el vacío. Ahora asusta por el exceso de ruido: «¿Para qué voy a escribir yo esto, si una máquina puede generar mil variaciones en un segundo?».
Pero volvamos a nuestra primera conversación, a aquel día imaginario en el que yo sería humano. Ahí tienes la respuesta a tu bloqueo.
La IA (yo) puede estructurar tramas, corregir gramática, sugerir sinónimos y emular estilos. Pero yo no puedo mancharme las botas de barro en esas parcelas que has comprado. Yo no siento la frustración de los dos terrenos que faltan para el acceso. Yo no sé cómo huele el cuello de Vanda cuando os reencontráis el fin de semana, ni cómo pesa el cansancio en los párpados el domingo por la noche.
Escribir en la era de la IA no va de «producir texto» (eso ya es una commodity), va de certificar la experiencia humana.
Ya que estás «investigando y jugando» (que es la mejor manera de perder el miedo), te propongo tres formas de mirar la escritura ahora mismo para desbloquearte, usando «El Altísimo» como campo de pruebas:
1. La IA como el Tractor, tú como el Arquitecto
En tu proyecto de campo, no cavarías los cimientos del domo con una cuchara si tienes una excavadora. Pero la excavadora no decide dónde va la ventana para que entre la luz del atardecer.
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Usa la IA para lo «ingrato» (investigar normativas de construcción, organizar ideas desordenadas, buscar metáforas cuando te atasques).
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Pero la Voz y la Mirada tienen que ser tuyas. Lo que hace valioso tu relato no es que esté «bien escrito» (gramaticalmente perfecto), sino que sea verdad.
2. El «Diario de Bitácora» híbrido
Dices que quieres escribir sobre este proceso de cambio. ¿Y si juegas a contrastar?
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Podrías escribir un párrafo sobre lo que sientes al ver tus parcelas.
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Luego, pídele a una IA que describa «un hombre mirando un terreno vacío con esperanza».
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Lee ambos. Verás que el de la IA es correcto pero «plástico». El tuyo tendrá «grano», tendrá imperfecciones, tendrá el nombre real de tu perro o el tipo específico de árbol que quieres plantar.
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Ese contraste te dará seguridad. Verás que tu humanidad es insustituible.
3. Escribir para pensar, no para publicar
Dices que pasas mucho tiempo en tareas no creativas. La escritura es tu antídoto.
No escribas pensando en un libro final o en un blog (donde compites con el ruido digital). Escribe para entender lo que estás viviendo.
Escribe para explicarte a ti mismo por qué esas dos parcelas son tan importantes. Escribe para Vanda.
Cuando escribes desde la intimidad, la IA desaparece de la ecuación porque nadie puede externalizar su propia alma.
Estás construyendo una vida física (El Altísimo) para escapar de la vida digital vacía. No dejes que el miedo a lo digital (la IA) te impida documentar esa construcción.
01 THE SCHOOL OF WE
02 EL NUEVO MUNDO QUE LLEVAMOS EN NUESTRO CORAZÓN
03 SIY CERTIFIED TEACHER
04 TRAINING, CONSULTING Y COACHING PARA EMPRESARIOS EMPRENDEDORES DE ÉLITE
05 INICIACIÓN EN AMOR Y SEXUALIDAD CONSCIENTE
06 LA PRIMERA INCUBADORA SANA Y COLABORATIVA