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Blog de Carlos Goga

Hecho a mano, hecho aquí, hecho con el corazón

28/05/2017 | | cambio, emprender, otra economía | No hay comentarios

He pasado el día en el Palo Market Fest de Valencia. Toda una experiencia para quien no acostumbra a frecuentar festivales. Regreso a casa feliz y exhausto. Y eso que apenas he tenido que caminar. ¡Se ha celebrado en los Jardines de Viveros, a escasos 500 metros de casa! Hoy he bailado, he bebido, he cantado, he comido y he saltado. Me ha encantado descubrir la energía infinita, rebosante en movimiento y en voz, de una mujer artista que responde a Tonia Richardson ¡Una verdadera diosa! La satisfacción del domingo bien vivido está conmigo.

Pero escribo por otra razón. Escribo porque en el Fest también he encontrado  un mercadillo especial, muy sintomático y muy especial. Y esto es lo que hace que me siente delante del PC y me ponga a escribir.

Paso a enunciar lo llamativo del mercadillo:

  • puestos de gente joven, muy joven si lo comparamos con el tradicional mercado de pueblo
  • puestos bien diseñados y exposiciones de producto creativamente organizadas
  • cartelería e imagen de marca discreta pero rebosante en profesionalidad y gusto
  • productos preciosos, de esos que hacen que quieras llevártelo a casa cual niño que estira de la mano de mamá pidiendo más
  • y un reclamo permanente de “hecho a mano, hecho aquí, hecho con el corazón”

Si, el reclamo en ningún momento ha sido el precio (no he visto ni un sólo mensaje del tipo descuento, promoción, oferta, blablabla). Lo que prácticamente todos los puestos destacaban es ese “hecho a mano, hecho aquí, hecho con el corazón”. Vow. Qué bello. Qué impactante. Qué conveniente y revelador. Qué diferente. Qué sintomático ¿Lo desgranamos?

“Hecho a mano” es otra manera de decir “no hecho por una máquina”. “Hecho a mano” es afirmar que lo ha realizado una persona, que detrás del producto hay un ser humano que ha dedicado su tiempo, su creatividad y su esfuerzo en permitir el producto, una persona que se merece el reconocimiento y el precio, una persona cercana y conocida, quizás el propio vendedor, o su pareja, o su vecino, o alguien bien conocido con nombre, apellidos y una historia que se puede compartir. Esto, en un mundo que tiembla ante la robotización, es un contrasentido que apunta en una hermosa contradirección: importa “quién” está detrás del producto que compras, e importa que ese “quién” reciba un reconocimiento y una retribución digna.

“Hecho aquí” es otra manera de decir “no hecho allí, en China o en India o en algún lugar lejano en el que no sabemos qué está pasando”. “Hecho aquí”, en Valencia, o en España, es afirmar que nos importa la economía local, que los efectos de la actividad que generan son conocidos y no hay porqué esconderlos, que el producto no ha necesitado viajar medio mundo ni consumir energía innecesariamente, que primero los que tengo cerca para después, si llega el momento, también los que estén lejos. Nuevamente, esto, en un mundo que ha sufrido la apisonadora de la globalización y la deslocalización, representa otro contrasentido y otra contradirección: importa “dónde” se realiza el producto que compras, e importa que ese “dónde” esté cerca para nutrir aquello que sé que quiero conservar y para ofrecer los efectos positivos del impacto que genera.

“Hecho con el corazón” es otra manera de decir “no hecho sólo por dinero, ni hecho sin permitir esas nefastas consecuencias de las actividades que se hacen sólo por dinero”. “Hecho con el corazón” es una preciosa manera de decir que se ha cuidado el proceso, que se ha cuidado a las personas que han participado en el proceso, que se ha cuidado el planeta, que no se ha gastado más de lo necesario ni se han generado basuras cuando existía la oportunidad de no hacerlo. “Hecho con el corazón” ilustra ese ofrecer al otro lo que me gusta, lo que realmente me apasiona, aquello que se me da bien hacer y que disfruto haciendo, y ofrecerlo con la manos abiertas y limpias, sin nada que esconder, con orgullo y con humildad. Esto, en un mundo que amplifica el “todo por la pasta, caiga quien caiga” también representa un contrasentido y una contracorriente: importa el “porqué” y el “cómo”, importa la intención de ofrenda que hay detrás de cada propuesta e importa el “cómo” me las he ingeniado para ser generoso, limpio y respetuoso con el otro y con el planeta. Importa, por decirlo de otra manera, que el producto llega envuelto de la satisfacción de que goza quien lo hace, goza quien interactúa con quien lo hace y goza ese “otro” que no está pero que es omnipresente y reconocemos fácilmente en nuestra casa planeta.

Además, y esto también resulta interesante, todos los puestos señalaban su web y, cuando interactuabas con alguien, de manera espontánea te decían aquello “puedes comprar hoy aquí o puedes comprar a través de nuestra web y te lo enviamos a casa”. ¡Qué hibridación tan fácil y sencilla de conjugar el aquí artesanal del mercadillo con el allí tecnológico de la propueta online!.

Son muchas las situaciones en las que he abogado por las nuevas maneras que traen los jóvenes, totalmente disruptivas en conceptos y modos, bellas en formas y abundantes de corazón, totalmente alejadas de ese infame calificativo que nace del gobierno y que los tacha de generación perdida o generación Ni-Ni. Y digo infame porque bien sabemos que es la manera política de escurrir el bulto por su nefasta gestión educativa y económica. Hoy, afortunado me siento, he podido disfrutar de decenas de pequeñas conversaciones con hombres y mujeres jóvenes, alegres de gesto y de voz, rebosantes de compromiso y posibilidad, que ilustran con sus actos que las cosas se pueden hacer diferente y mejor, y que ya las están haciendo diferente y mejor, jóvenes que rechazan los modos clásicos de hacer empresa, ese “todo por la pasta, caiga quien caiga” y que eligen una actuación económica respetuosa en la que importa, e importa mucho, el “quién”, el “dónde”, el “cómo” y el “porqué”.

Hoy he bailado, he bebido, he cantado, he comido y he saltado. He pasado el día en uno de esos mercados tan similiares como diferentes que imaginé cuando escribí #lovetopía, mezcla humana de comercio y celebración, donde he disfrutado de la energía infinita, rebosante en movimiento y en voz, de esa diosa artista que es Tonia Richardson. Pero sobre todo regreso a casa con la satisfacción de saber que una nueva generación de hombres y mujeres ya están en marcha, avanzando, marcando el paso firme a ritmo de funk, rebosando alegría y fuerza, para demostrar que se puede hacer diferente, y mejor, y crear así un mundo mejor y más hermoso, respetuoso con las personas y con el planeta, con la vida y con el vivir.

Así que me apetece gritar y gritar, aunque sólo sea a través del silencio de este blog. Y grito: ¡Bienvenidos! ¡Bienvenidos y gracias por elegir distinto y poner en marcha la economía del quién, del dónde, del cómo y del porqué!

Etiquetas: cambio, emprendedor, innovación, oportunidad

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