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Blog de Carlos Goga

Vestir consciente y responsable en este mundo que vivimos

17/02/2017 | | experiencias, otra economía | No hay comentarios

En mi intento de practicar lo nuevo y buscar la coherencia de ser, hace años decidí ponerme a la acción y consumir de una manera consciente y responsable. Esto, así dicho, puede aparentar fácil, pero la realidad es mucho más compleja. La base de un consumo consciente, al menos para mí, es proveerme de aquello que realmente necesito sin dañar nada ni a nadie. Y algo que necesito, como todos, es vestirme.

Reconozco que al principio me resultó fácil. Tenía tanto de todo (camisetas, camisas, pantalones, chaquetas) que mi decisión fue no comprar nada y utilizar lo disponible hasta que ya no fuese posible. O dicho con otras palabras, estirar la vida útil de la ropa hasta que estuviese hecha jirones. Y si, los “jirones” fueron apareciendo. Mis mujeres más mayores, aquellas que me rodean, lo vivían con incomodidad. Ya imaginas, ese “¡Pero si llevas la camiseta agujereada! Cámbiate y no salgas así a la calle”. Su respuesta ante mi indiferencia, que he recibido como un maravilloso regalo y que he agradecido con besos y abrazos, ha sido remendarme la ropa a hurtadillas, sin que yo lo supiese. ¡Bendita madre y bendita tía! ¡Cómo os quiero y os admiro sólo por estas pequeñas muestras de amor!

Por otro lado, cuando necesité sustituir alguna prenda mayor busqué tiendas de ropa de segunda mano y compré reciclado. Mis vaqueros, por ejemplo, son casi todos reciclados o heredados. [Aprovecho para decir que me avergüenzo de los fabricantes de vaqueros por su estrategia de "obsolescencia programada" que hace que unos simples vaqueros se rompan hasta ser inservibles en un par de años. Y no soy niño, ni me revuelco por el suelo, ni trabajo en un entorno industrial o agrícola con trabajos manuales, ni lavo los pantalones tres veces a la semana. No, mis pantalones vaqueros se han roto después de un par de años de uso convencional, siendo "convencional" el uso de un adulto urbano que se pone los mismos pantalones hasta que están sucios y los lava].

Pero con remiendos y ropa de segunda mano no todo se soluciona. Un reto permanente lo he tenido para comprar camisetas de algodón básicas. Me gusta vestir vaquero y camiseta negra. Hice varios intentos de comprar mejor pero no encontré nada. Las únicas camisetas negras básicas las encontraba en cadenas de ropa convencionales, de las que no respetan nada y todo lo hacen buscando el beneficio. Resignado, he aceptado que no tenía otras opciones y he estado llevando camisetas de Springfield o de LEVI’S. Ya, ya sé que online se pueden conseguir cosas, pero la tensión entre comprar local frente a comprar online también está en mi dilema, y de momento, siempre que puedo, elijo local antes que online.

Este invierno la situación se ha desequilibrado a peor. O incluso podemos decir que ha degenerado. Entre la mudanza a Valencia y el frío húmedo de Levante, me he encontrado con que necesitaba más prendas y diferentes. Me faltaban camisetas y ropa interior. Difícil siempre elegir qué pieza ponerme y cuántas veces repetir para pasar la semana lavando sólo una vez. Además, frío como ha sido el invierno, he pasado algún rato mal porque no tenía jerseys y la cremallera de mi chaqueta vieja (de hace 10 años) se ha roto y ya no abrocha.

Con cierto sentir de urgencia, este febrero me he puesto a renovar una parte de vestuario.

Lo primero ha sido combatir el frío. Busqué qué tipo de chaqueta comprar y, después de buscar y rebuscar, descubrí la firma ECOALF. Fabrican ropa y complementos de moda sostenible desde Valencia (y yo ahora vivo en Valencia). En su caso, “sostenible” significa que reciclan plástico que extraen del fondo del Mediterráneo del Levante español. Me encantó su propuesta. Pero cuando vi los precios… ¡Vow! ¡Qué caro intentar vestir de manera consciente y responsable! La suerte quiso, sin embargo, que Amazon ofreciese rebajas en algunas de las prendas de este fabricante y decidí comprar online. Aquí elegí comprar producción responsable frente a comprar local. Unos días después, feliz como estaba por mi nueva chaqueta y mi nuevo jersey de ECOALF, me llegó la nueva campaña de The Story of Stuff y el impacto de las microfibras de poliéster. ¡Vaya! ¡Qué difícil y confuso puede llegar a ser todo! “Bueno“, pensé, “he hecho lo mejor que estaba en mi mano, aceptando el error y el aprendizaje“. Ahora sólo espero que mis nuevas prendas me duren unos cuantos, muchos años.

Mi segunda gesta ha sido conseguir camisetas negras, de tipo básico, sin letreros ni logos ni cosas así. Busqué y rebusqué en internet y las únicas opciones, pocas, eran comprar camisetas de algodón 100% orgánico online. Propuestas como ecoology, kanaluha u Oxfam Intermon tienen, a mis ojos, propuestas interesantes, pero muchos inconvenientes. O no ofrecen el color negro, o no tienen talla, o tienen color y talla pero están agotadas, o son excesivamente caras para mi bolsillo. Amén, claro está, de que comprar una camiseta online me lleva a renunciar a mi determinación de comprar local. “Aún así“, me dije, “ahorro un poco y compro de manera responsable primando una producción consciente aunque sacrifique una distribución consciente“.

Sin embargo, un rayo de luz apareció en mi camino. Me topé con el artículo “Por un mundo repleto de algodón orgánico” escrito por Eva García en ALTERconsumismo en la web de EL PAÍS. Me llamó la atención que dos cadenas de ropa de moda ofrecían sendas colecciones con algodón orgánico. La primera es H&M con su H&M Conscious; la segunda es C&A con su Bio-cotton. Así que, con estas nuevas pistas, cogí la bici y visité una tienda H&M y una tienda C&A en Valencia. En ambos caso, entré preguntando por la colección en cuestión, dije que era mi primera visita a sus tiendas y anuncié que les había elegido por su colección de “algodón orgánico”, algo que es muy importante para mi pues no quiero dañar ni perjudicar a nadie con mis compras. Creo, o eso elijo entender, que esta simple declaración de principios enganchó con la empatía de las vendedoras (ambas mujeres) y recibí un trato exquisito.

En el momento en que escribo esto, siento que quizás me haya equivocado por comprar “poliéster reciclado” o por comprar “multinacional”, pero también sé que he hecho lo mejor a mi alcance comprando “reciclado”, comprando “algodón orgánico” y comprando “local”. Y creo sinceramente que he dado un pequeño paso y he puesto mi granito de arena por intentar cambiar las cosas. Poner el bolsillo donde está el corazón, o practicar una economía democrática donde cada dinero es un voto, son decisiones a nuestro alcance y que pueden cambiar el mundo. Aunque no sean decisiones 100% perfectas ni 100% coherentes, siento que yo he avanzado, que quienes han interactuado conmigo también lo han hecho, y que el gran otro no presente está un poco mejor que antes.

Ojalá mi experiencia resulte de inspiración y cada vez seamos más los que dando pequeños pasos, aunque imperfectos, elijamos el camino de un mundo mejor y más hermoso. Quizás así nos acerquemos más rápido a ese sueño colectivo que llamo #lovetopía y donde me gustará encontrarte.

#PequeñosPasosGrandesHuellas

 

 

 

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