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Blog de Carlos Goga

Desde La Gran Distracción hacia La Gran Pausa

27/03/2020 | | cambio, crisis, experiencias | No hay comentarios

Oficialmente, ya llevo dos semanas en esto tan nuevo que llamamos cuarentena, confinamiento y distanciamiento social por el coronavirus. ¡Vaya experiencia inesperada para este mes de marzo de 2020!

Mis pequeños planes, como los de todos, han volado con estos aires que resoplan desde las carcajadas de la Vida. Las formaciones se cancelan o pasan a online (¡y a mi no me gusta nada nada el online!). El concierto de Snatam Kaur en Lisboa y las fallas en Valencia suspendidas. Y el largamente esperado lanzamiento de The School of We lo hemos tenido que abortar.

Y además, como si de un genio «cumple-deseos» se tratase, yo que empezaba a quejarme de que tanto viajar y tanto movimiento me estaba pesando y afectando, ya llevo 14 días consecutivos «anclado» en el mismo lugar… ¡algo que no sé ni pensar ni recordar cuántos años hacía que no ocurría! «Cuidado con lo que deseas, amigo» escuché ayer durante una peli de Netflix.

Algo excepcional, sin duda, el espacio inesperado que han ocupado las «tres» pantallas: la grande televisión que me trae las noticias del mundo (macro); la mediana ordenador porque me acerca al trabajo (micro); y la pequeña teléfono que me permite estar conectado con la gente que quiero y que está lejos (nano). Tres pantallas, tres planos de relación con todo lo que está ahí fuera: con la sociedad (macro); con mis organizaciones (micro); y con mis seres queridos (nano).

Y me doy cuenta de que las tres pantallas juntas conspiran para convertirse, como en aquella película de George Clooney llamada «La Tormenta Perfecta», las tres pantallas son la distracción perfecta, «La Gran Distracción», la madre de todas las distracciones.

Por supuesto, gran distracción porque siento como las tres pantallas (juntas y por separado) me hipnotizan y como mi atención se pega, se queda anclada en ellas, dificultando ofrecerme, a través del ofrecer de mi atención, a las personas que están aquí, conmigo, compartiendo espacio y tiempo.

De repente, estar presente con mi atención, practicar la presencia aquí y ahora, es especialmente difícil y me requiere de un mayor esfuerzo, de una mayor vigilancia de mi propia atención (practicando lo que conocemos como meta-atención) aunque sólo sea como esfuerzo de resistencia hacia las tres pantallas que me empujan hacia la no-presencia, o la ausencia.

Recuerdo con espontaneidad que la PRESENCIA es una de las cinco manifestaciones del verbo AMAR y me duele el recuerdo al sentir que debilito mi capacidad de AMAR cuando permito que se debilite mi PRESENCIA. Y me digo… «Yo quiero seguir amando y lo voy a hacer reforzando mi presencia».

Pero si fuese sólo esto, sería simplemente «distracción» y bastaría con apagar las pantallas y punto. El «gran» llega por lo que claramente siento que siembran en mi: «miedo», miedo fuera, miedo al lado y miedo dentro. Y esto, por mucho que apague las pantallas, se queda en mi.

Quizás suena bruto, pero siento que las 3 pantallas me han preñado de miedo y que estoy rebosante de miedo, miedo tan consciente como inconsciente, y que es mi responsabilidad identificarlo, sacarlo, limpiarme de tanto miedo y retornar al espacio del no-miedo para permitir recuperar la comodidad del amor, la gran libertad que ilustra mi anhelo de vivir.

¿Miedo fuera? Si, siento con claridad mi miedo a los que están dirigiendo está crisis y especialmente mi miedo a sus reacciones precipitadas, ignorantes, torpes y erráticas que arrancan desde su propio gran miedo y que van a destrozar mucho más de lo que están queriendo proteger. Si, siento el miedo a que estemos viviendo en tiempo real una serie de Netflix, tan propia de estos tiempos, de dramas y ficción, donde vivamos grandes guerras entre héroes y villanos.

¿Miedo al lado? Si, siento el miedo a que mis seres queridos se contagien y sufran y mueran. Si, siento el miedo a que mis seres queridos (donde me incluyo) nos veamos arrastrados a otra gran crisis de dineros y de estilo de vida cuando aún seguimos reconstruyendo lo que la anterior crisis destrozó. Si, siento mi miedo al gran miedo de los demás y sus descalificaciones y sus juicios rápidos en lo más cotidiano del vivir que amenazan con ensuciarlo todo aún más.

¿Miedo dentro? Si, siento el miedo a desorientarme y confundirme y no saber cómo seguir. Si, siento el miedo a mis propias ideas y opiniones y a mi anhelo de permitir y honrar a la vida también cuando nos trae muerte.

Y por supuesto, miedos como son, todos ellos, siento cómo me bloquean y me paran y me hacen encogerme de cuerpo y de mente, recogerme pequeñito e incapaz.

Y siento con facilidad como el bloqueo frío de mis nuevos miedos se instala en la garganta, se disfraza de cansancio y colisiona con el movimiento que llega automático de mis viejos anhelos.

Así es, ya llevo dos semanas en esto tan habitual que llamamos cuarentena, y soy yo quien elige hacer algo nuevo desde la Gran Distracción, la de las tres pantallas y los tres miedos. Y ese algo nuevo me regurgita llamarlo la Gran Pausa, un parar tanto como pueda para respirar y sonreír muchas veces, ocuparme sólo de lo básico del vivir sencillo y fácil y fundirme con lo bonito y lo bello del pequeño mundo que me rodea.

Y desde esta quietud, observar, observar y observar. Observar fuera, observar al lado y observar dentro. Porque en el observar siento que encontraré mi siguiente paso.

Etiquetas: amar, amor, cambio, crisis

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