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Blog de Carlos Goga

Lo que pido… 24 horas después de #ObjetivoTecnoRevolucion

14/03/2017 | | experiencias, nuevas tecnologías | 1 Comentario

Han pasado 24 horas desde que finalizó el programa #ObjetivoTecnoRevolucion, de El Objetivo de Ana Pastor en La Sexta, y aún ando hiperliado respondiendo a la infinidad de mensajes de felicitación y reconocimiento que he recibido. Mi kaos (con k) es propio del kaos (también con k) de las tecnologías de comunicación actuales. Algo metafórico para el tema de ayer. Han entrado multitud, infinidad casi, de mensajes por whatsapp, facebook, twitter, linkedin, gmail, instagram e incluso alguno por SMS. Me han escrito amigos con los que no tenía contacto desde hace años y he organizado varios encuentros, o mejor dicho, re-encuentros. Me siento feliz y abrumado por tantas manifestaciones de ilusión y cariño. Estoy entusiasmado por inaugurar nuevas relaciones y seguir cultivando las existentes. ¡A todos y a todas, sin excepción, muchas muchas gracias, desde lo más profundo de mi corazón! Todo ha resultado más fácil y divertido sintiendo vuestro apoyo y vuestro calor de amistad y amor. Por supuesto, aquí incluyo a todo el equipo de El Objetivo, a Raquel y a las dos Ana. Y, agradecimiento especial a Natalia, mi querida Natalia, por elegir acompañarme sin condiciones, sabiendo que un viaje de ida y vuelta a Madrid resulta pesadísimo y que hoy lunes ibas a pasar sueño.

Pero hoy no todo han sido mensajes. He recaído en mi afición tradicional de contar lo que es cuantificable y significativo y así se han movido los diferentes parámetros que, a modo de marcadores, recogen actividad online:

Son datos curiosos, especialmente curiosos, que espero que algún día me hablen con claridad y me ayuden a avanzar en mis intenciones y a impactar mejor. Me nace comentar alguno de ellos. Voy.

Primero y especialmente relevante, facebook no es nada de fiar. Sus algoritmos, esos que supuestamente persiguen la intención (declarada por ellos) de priorizar contenidos atendiendo a las preferencias y gustos de los usuarios, están descaradamente, brutalmente al servicio de su publicidad. Si pagas, te dan visibilidad. Si no pagas, te esconden la página o incluso te esconden los seguidores. Esto por si alguien lo dudaba. Cada vez es menos “red social” y es mucho más una simple “red comercial” que, además, utiliza prácticas muy cuestionables (como mentir y ocultar información) para satisfacer sus inmensas ansias de beneficio económico (no precisamente porque gane poco, sino porque cada vez ansía, con ansiedad, ganar más y más y más).

Segundo y especialmente triste, creo que para dedicarme a experimentar, investigar, reflexionar, compartir y escribir, así dicho, no he elegido el camino correcto. Si después de aparecer en un programa de debate de ámbito nacional en la Sexta, como es El Objetivo de Ana Pastor, sólo he vendido un libro, es que el camino que he elegido es incorrecto. Por cierto, ya pasó algo parecido cuando EL MUNDO, diario de ámbito nacional, dedicó una página del diario en domingo a #lovetopía y no se vendió ni un ejemplar en papel. “O cambias de estrategia“, y esto lo escribo para mi yo-del-futuro, “o pasarás hambre y frío“. Porque si algo sé es que cada vez me voy a dedicar más, voy a ocupar mi tiempo más en escribir. Es lo que siento y es lo que intentaré hacer.

Por otro lado, la experiencia de ayer fue especial, extraordinariamente especial. Me explico.

Hace ni más ni menos que 20 años, en 1997, durante mi época en Microsoft, tuve una experiencia televisiva intensa con la cobertura mediática de Mundo Internet 97. Entonces mi cargo era el de Jefe de Producto de Internet y las televisiones me eligieron como portavoz de la compañía, especialista en Internet, después de hacerle una presentación de producto a Esperanza Aguirre, en aquel momento Ministra de Cultura y Educación, durante la visita de Bill Gates. Aparecí en todas las cadenas de TV de la época. Pero aparecí no por méritos propios (aunque me gusta pensar que un poco también), sino en tanto que empleado de Microsoft.

Ayer, sin embargo, participé en el programa en primera persona, sin cobertura alguna de una gran organización o institución. Ayer viví la invitación sin representar a nadie, simple y llanamente como individuo, como hombre, desde la curiosidad de terceros (en este caso, de los periodistas de La Sexta) por entender mejor “mis” puntos de vista y “mis” planteamientos. Y esto, por anecdótico que aparente, cuando miro por el retrovisor hacia ese atrás que es mi pasado, lo vivo como un reinventarme por completo, manteniendo mis capacidades y mis potencialidades sociales y profesionales, pero manteniendo una fidelidad férrea a una intención que ahora sólo nace de mi corazón y que construye de mis experiencias personales.

Además, y esto lo escribo sonriente, ayer elegí disfrutar de la experiencia como adulto y como niño, sin complejos y con curiosidad, buscando el disfrute pero manteniendo en todo momento la responsabilidad de la acción. Es como si ayer hubiésemos participado en el programa dos personas diferentes, dos personas que soy yo al mismo tiempo, por un lado mi niño interior y por otro lado el adulto en el que me he convertido. ¡Qué bien me siento por ello, por haber sido capaz de cuidar de ese niño interior que tanto he maltratado y haberle permitido disfrutar abiertamente, sin contención alguna! ¡Cuánto noto mi propia evolución si miro por el retrovisor!

Cambiando de tercio, aunque tiene que ver con lo anterior, hay algunos aspectos de la experiencia de ayer que me confunden y que ofrezco a modo de reflexión. A quien interese.

Me sorprende la reticencia de La Sexta a presentarme como “economista y autor de #lovetopía”, que fue mi elección, y que me presentasen sólo como “economista”. Entendí que era un intento de evitar aquello de “aquí no promocionamos autores ni libros” y acepté sin más. Esto, claro, parloteo interior mío. No negocié nada. Yo propuse y ellos decidieron. Sin embargo, ayer el programa fue muy abundante en marcas comerciales e instituciones. Espontáneamente recuerdo OIT, Microsoft, CARTO y Ford, pero sé que hubo más. Creo que #lovetopía hubiese encajado perfectamente. Y con ello, hubiésemos sido todos mucho más fieles a la realidad. Mi intervención respondió a mi condición de “autor de #lovetopía”, o si jugamos un poco, a mi condición de “economista y hombre #lovetopiano”. Y además, quizás, hubiese vendido algún ejemplar en papel adicional para no tener que pasar ni frío ni hambre en el futuro. Aquí lo dejo. Sólo como reflexión. Creo que ayudar y visibilizar las inciativas más pequeñas, incluso al mismo nivel que ofrecemos a las grandes instituciones y empresas, es parte del espíritu de apoyo al emprendedor y a la innovación que necesita este país.

Otro aspecto confuso para mi fue el tema del programa. En los contactos previos, entendí que tenía que ver con el impacto de la tecnología en el trabajo. De hecho, la entrevista que grabé en utopic_US el pasado noviembre para el programa, de algo más de 45 minutos, fue monotemática. Luego, la invitación para acudir al plató me llegó vacía de contenido y por los teaser online entendí que se había ampliado a Revolución Tecnológica, un concepto bastante más amplio. De hecho, el tagline de twitter ha sido #ObjetivoTecnoRevolucion. Finalmente, cuando entré en el plató, Ana Pastor declaró que íbamos a hablar de empleo, educación y start-ups, que está bien, pero es distinto. Y para remate, el programa oficialmente (esto lo he descubierto hoy) se denominó El futuro del Empleo. Sólo digo que me confundió; lo acepté (y lo acepto) encantado.

La cantidad de invitados expertos también fue otra sorpresa. La invitación decía que éramos tres pero finalmente fuimos cinco. Genial, sin duda. Me encantó y disfruté conociéndoles y compartiendo. Pero por la propia tradición de El Objetivo, los debates a tres los ambientan con más intimidad (incluso en clave baja) y los debates a cinco o seis los llevan a la mesa alta y blanca propia, la mesa en la que estuvimos, donde habitualmente están los políticos (totalmente clave alta). Diferente. Además, como llegué puntual, me perdí las introducciones y practicamente no supe quién era quién hasta el momento de entrar en plató.

El formato también fue algo confuso para mí. Esperaba debate, o sea, réplica y contra-réplica moderada, con la participación inquisitoria y aguda de Ana Pastor (a quien admiro y cuyo estilo me gusta) pero no fue así. Lo viví más bien como una secuencia ordenada de preguntas y respuestas, quizás por lo abierto del tema, que no permitió profundizar ni matizar. Diferente también.

Los medios humanos y técnicos también me confundieron. Sólo interactué con una persona de producción, que fue muy amable y profesional, pero para cinco invitados más sus acompañantes, en un estudio tan grande e industrial, sentí insuficiente. Me desorienté un par de veces. La sala de espera resultó pequeña. El recorrido al plató largo. No sé. Sólo lo dejo aquí. Ni tan sólo pedí ir al WC antes del programa para no perderme. Y me estaba orinando (de aquí ese baile de San Quintín de mi pierna). Luego, en el plató, algunas intervenciones no se escuchaban bien y los cortos apenas los entendí. Incluso llegué a pensar que he perdid0 oído. Esto lo sentí especialmente confuso. “¿Cómo participar con facilidad cuando simplemente escuchar lo que está pasando es un pequeño reto?” Más difícil, más incómodo.

Todo lo anterior, para el adulto responsable que soy, fue un inconveniente. Porque preparé el programa en una dirección y resultó en otra. Mis mapas conceptuales (¡que estaban en mi cabeza, claro!) anticipaban réplica y contra réplica. Y mis intervenciones también. Incluso contemplé que Ana Pastor urgase en algún momento. Pero no fue así. Por lo que no pude rematar o concluir. Y sentí incompleto. Aquí un ejemplo. Me quedé con la Renta Básica Universal en la boca y no pudo salir. Dos veces dejé una declaración abierta para que Ana Pastor me pidiese ejemplos, pero cambió de tema y me quedé como el tenista que tiene preparado un golpe y no hay pelota. Primero cuando afirmé que hay que separar riqueza de trabajo y lo dejé ahí. Después cuando afirmé que tenemos que transformar el sistema social redefiniendo el trabajo y adecuando la periferia: educación, pensiones, protección social y fiscalidad. Si me hubiesen dado juego, hubiese lanzado la RBU al centro. Pero desapareció la pelota. Me sorprendió lo poco hábil que estuvo Ana Pastor. O eso siento. Igual que siento lo fallido de mi enfoque. Torpe yo. Aquí he de disculparme públicamente porque, sin dudarlo, creo que la “Renta Básica Universal” es la herramienta clave para disolver las tensiones e incoherencias que estamos viviendo y que se agudizarán en el futuro sino cambiamos. Eso pienso desde hace mucho (más aquí). Pero no lo dije. No lo puede decir. Antes acabó el programa que encontré la ocasión para introducirla de nuevo sin que aparentase llevar la conversación a un terreno que era un fuera de juego. Y eso que Joaquín Nieto, de la OIT, la mencionó antes que yo pero no recogí el testigo porque quise entender que iba a tener más oportunidades. De la misma manera, anticipé que tendríamos la oportunidad de un cierre individual, propio de un debate, a modo de conclusión rápida. Pero el programo acabó pensado y hecho. “Pensat i fet“, como decimos en Valencia. Así que no hubo ocasión. Mi pequeña anécdota, la que tenía preparada, no llegó a ver la luz y sólo puedo ofrecerla aquí.

Este lunes, paseando por Valencia, por la noche, encontré a una chica joven, quizás menos de 20, sentada en posición de yoga en el Pont de Fusta. Era una joven bella, con esa belleza de inocencia propia de la vida por vivir. La luna de Valencia brillaba con toda su fuerza. Me sorprendió que tenía un vaso de papel junto a las piernas. “¡Qué extraño”, pensé. Cuando estuve más cerca, pregunté: “¿Estás pidiendo?”. Su respuesta fue tranquila y dulce. “Si, estoy pidiendo”. Me extrañé y pregunté más: “¿Por qué pides?”. Con la misma tranquildad, sin tristeza ni pesar, me contestó: “Si no hay trabajo, tendremos que pedir”. Saqué la cartera y dejé un billete. Mientras me alejaba, murmuré: “Qué claridad de ideas y qué serenidad. Qué gran lección. El secreto está en pedir“.

Y eso hago hoy para cerrar esta aventura: pedir. Me lo ha enseñado la joven del puente. Yo también quiero pedir. Pido disculpas por no haber concluído lo que debió ser concluído. Pido claridad para el futuro del programa en lo que a mi me ha resultado confuso. Y pido un debate serio, profesional, sin los tintes habituales de los partidos políticos y de las ideologías clásicas, un debate innovador y en profundidad,360 grados, sobre la Renta Básica Universal, para tener la oportunidad de avanzar hacia una sociedad más bella y hermosa al servicio de las personas y de la vida, como bella y hermosa era la joven del puente. 

[PD: Y me digo en voz baja: "Puestos a pedir, pido a la Vida (en mayúscula) que los tres ejemplares de #lovetopía que regalé ayer sean leídos, que la magia de #lovetopía actúe con fuerza de nuevo, y que mejor pronto que tarde, haya tres nuevas lovetopianas, con sus corazones abiertos, trabajando al servicio de una sociedad mejor, más justa y más hermosa"]

Etiquetas: cambio, lovetopía, oportunidad, RBU, renta básica

Un comentario

Robinson Ochoa  on marzo 14th, 2017

Si, es correcto, se requiere un cambio total del sistema, con redefinicion de trabajo, seguridad social, y una RB.
La explicacion completa aqui: https://bienestarmutuo.org/ingreso-minimo-sueldo-basico-universal/

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